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Señales ocultas en los mercados financieros que anticipan cambios económicos

Un indicador poco conocido del mercado de bonos está enviando señales de alerta sobre la incertidumbre económica. La prima por plazo llegó a su nivel más elevado desde 2014, aunque los expertos todavía debaten si refleja riesgos reales, mayor temor entre los inversores o factores técnicos.

Los mercados financieros no siempre exhiben sus avisos de alerta mediante desplomes bursátiles o variaciones repentinas en los tipos de interés. A veces, las señales de mayor trascendencia se manifiestan en métricas que escapan a la atención del gran público, si bien facilitan la comprensión de las expectativas que los inversores albergan sobre el porvenir económico.

Uno de ellos es la prima por plazo, un indicador que calcula el rendimiento extra que piden los inversores por conservar deuda pública estadounidense a largo plazo, en vez de optar por una estrategia equivalente a base de colocaciones a menor plazo que se van renovando de manera constante. Su notable repunte hasta cotas inéditas desde la primavera de 2014 ha encendido las alarmas entre analistas económicos y agentes bursátiles.

El aumento coincide con un panorama internacional marcado por las tensiones geopolíticas, el endeudamiento público, las dudas sobre el impacto de la inteligencia artificial y las perspectivas de inflación. Sin embargo, todavía no existe una explicación definitiva sobre qué está impulsando el indicador ni sobre el alcance de sus implicaciones económicas.

Qué es la prima por plazo y por qué importa

Para entender este concepto, conviene imaginar a un inversor que desea colocar su dinero durante una década. Puede comprar directamente un bono del Tesoro a 10 años o adquirir uno de menor duración y reinvertir el capital cuando venza. Aunque ambas estrategias abarcan un periodo similar, sus riesgos y resultados potenciales no son necesariamente iguales.

Un bono a largo plazo expone al inversor durante más tiempo a factores como los cambios en la inflación, las expectativas sobre los tipos de interés y las variaciones en la percepción de la solvencia fiscal del Gobierno. Si las condiciones económicas cambian de manera inesperada, el valor de ese activo puede verse afectado.

Por esa razón, ciertos inversores reclaman un rendimiento extra a cambio de inmovilizar su capital a largo plazo. Dicha compensación constituye precisamente lo que busca cuantificar la prima por plazo.

El indicador no debe confundirse con el rendimiento total de un bono ni con una predicción directa de una crisis. Se trata de una estimación que busca separar la compensación asociada al riesgo de mantener deuda a largo plazo de las expectativas sobre la evolución futura de los tipos de interés a corto plazo.

Su interpretación tampoco es sencilla. Los modelos utilizados para calcularla pueden producir resultados distintos, ya que dependen de supuestos estadísticos y de la información disponible. Aun así, cuando la prima aumenta considerablemente, puede ofrecer pistas sobre las condiciones financieras y el grado de incertidumbre que rodea a las inversiones de largo recorrido.

Basándose en un par de pautas metodológicas de la Reserva Federal de Nueva York y la Reserva Federal de San Francisco, la prima por plazo llegó a cotas que no se registraban desde 2014. El alcance de esta variación ha acaparado las miradas debido a que surge tras años de sucesos económicos atípicos, tales como la crisis sanitaria y el posterior brote inflacionario.

Las tensiones económicas que inquietan a los inversores

Una posible explicación del incremento es que los mercados estén asignando una mayor probabilidad a escenarios económicos difíciles de anticipar. La expansión de la inteligencia artificial, por ejemplo, está impulsando inversiones de gran magnitud y transformando distintos sectores, pero sus consecuencias sobre la productividad, el empleo, los precios y el crecimiento a largo plazo siguen siendo inciertas.

A este cambio se aúna la inquietud en torno al endeudamiento de las administraciones públicas. Desde el Fondo Monetario Internacional se alertó acerca de los peligros que entraña el incremento del pasivo soberano a escala global, además de los escollos que suelen aparecer en el momento en que las obligaciones monetarias se multiplican careciendo de un plan fiscal duradero.

Un endeudamiento excesivo restringe a menudo el margen de maniobra de los gobiernos frente a una recesión económica. Asimismo, si los mercados perciben que se precisan incentivos más atractivos para captar compradores de deuda pública, se encarecerá el financiamiento estatal, un incremento que terminará repercutiendo en los distintos sectores productivos.

La coyuntura geopolítica introduce un factor adicional de incertidumbre. Los roces vinculados a Irán y la potencial amenaza de nuevos cortes en el aprovisionamiento energético amenazan con encarecer los carburantes y el crudo. Por regla general, una subida sostenida de la energía repercute directamente en los gastos de producción, transporte y distribución, incidiendo de este modo sobre la inflación.

Si las presiones inflacionarias se intensifican, los bancos centrales podrían verse obligados a mantener los tipos de interés elevados o incluso aumentarlos. Dicha respuesta encarecería el crédito para las empresas y los hogares, con posibles consecuencias para la inversión, el consumo y el crecimiento económico.

El desafío sería especialmente complejo si la economía se desacelerara al mismo tiempo que persistieran las presiones sobre los precios. En esas circunstancias, las autoridades tendrían menos margen para estimular la actividad sin correr el riesgo de alimentar nuevamente la inflación.

Joe Brusuelas, economista jefe de RSM US, ha destacado la dificultad de incorporar los acontecimientos geopolíticos a los modelos económicos. Estos acontecimientos pueden modificar rápidamente las expectativas y alterar las previsiones elaboradas a partir de datos históricos, lo que dificulta anticipar su impacto sobre los mercados.

¿Mayor riesgo real o más temor en los mercados?

Aunque el incremento en la prima por plazo puede interpretarse como un indicio de cautela, por sí solo no evidencia que el entorno económico resulte más riesgoso para los inversores. Otra alternativa radica en que los actores del mercado reclamen un mayor resarcimiento debido a su menor predisposición a tolerar riesgos.

Dicha diferenciación resulta clave. El costo adicional representa un cálculo sobre la retribución que exigen los mercados, más que un cálculo directo acerca de la posibilidad de que se desate un colapso.

Thierry Wizman, economista en Macquarie Group, ha señalado que un encarecimiento de la prima no ha de leerse de manera automática como señal de una subida pareja en el peligro efectivo. Asimismo, esto puede reflejar una mayor reticencia de los inversores frente a la incertidumbre.

El comportamiento de los mercados puede ayudar a explicar esa diferencia. Cuando las bolsas alcanzan máximos y la actividad económica parece resistir, algunos participantes comienzan a buscar protección ante la posibilidad de que las condiciones cambien. Esa búsqueda de seguridad puede reflejarse en las decisiones sobre los bonos, incluso cuando todavía no se observan señales claras de deterioro económico.

Nigel Green, director ejecutivo de DeVere Group, ha planteado que la demanda de protección puede acumularse mientras los precios de los activos parecen relativamente estables. Si posteriormente aparece una noticia que modifica las expectativas, los ajustes pueden producirse de forma abrupta en lugar de distribuirse gradualmente a lo largo del tiempo.

No obstante, el comportamiento de los inversores no siempre anticipa correctamente los acontecimientos. Los mercados pueden sobrestimar algunos riesgos, reaccionar con retraso ante otros o cambiar de dirección cuando aparecen nuevos datos económicos.

Los factores técnicos también pueden explicar el aumento

Existe una tercera alternativa: que este cambio obedezca, al menos en parte, a cuestiones técnicas y a las restricciones propias de los modelos empleados para estimar la prima por plazo.

El indicador se obtiene a partir de cálculos que procuran discernir entre la evolución prevista de los tipos de interés a corto plazo y la prima adicional sumada a la rentabilidad de los títulos de deuda a mayor plazo. Dado que dicha distinción no resulta observable de manera directa, el valor final varía en función del método aplicado.

Neil Shearing, experto economista en Capital Economics, ha indicado que resulta sumamente difícil precisar con exactitud los elementos que potencian dicha prima, fundamentalmente debido a que constituye un porcentaje del rendimiento que escapa a las previsiones sobre los tipos de interés venideros.

También es posible que intervengan las transacciones de grandes fondos de inversión, las variaciones en la necesidad de bonos soberanos y los reajustes de carteras al concluir ciclos financieros específicos. Tales maniobras tienen la capacidad de modificar de forma transitoria la balanza entre la oferta y la demanda, sin que esto signifique un empeoramiento ineludible del panorama macroeconómico.

Por tanto, atribuir todo el incremento a la deuda, la inteligencia artificial o los conflictos internacionales sería una conclusión prematura. Es posible que varias fuerzas estén actuando simultáneamente, con una importancia que todavía no puede determinarse con certeza.

Qué puede anticipar este indicador sobre la economía

El avance de la prima por plazo merece atención porque los rendimientos de los bonos del Tesoro influyen en numerosas condiciones financieras. Cuando aumenta el coste de la deuda pública a largo plazo, también pueden encarecerse las hipotecas, los préstamos empresariales y otras formas de financiación vinculadas a esos rendimientos.

Si ese encarecimiento se mantiene, las empresas podrían aplazar proyectos, los consumidores podrían reducir ciertos gastos y los gobiernos tendrían que destinar más recursos al pago de intereses. La intensidad de esos efectos dependerá de cuánto suban los rendimientos, durante cuánto tiempo permanezcan elevados y cómo respondan los bancos centrales.

Pese a ello, esta herramienta por sí sola es incapaz de precisar el momento de una desaceleración o de pronosticar con exactitud el rumbo de las bolsas. Para comprender su trayectoria adecuadamente, resulta indispensable estudiarla en conjunto con la inflación, la creación de empleo, la expansión económica, las proyecciones de los tipos de interés y el apetito por la renta fija.

La principal conclusión es que la prima por plazo proporciona un indicio de incertidumbre, si bien no constituye una solución categórica respecto al porvenir. Su incremento puede obedecer a una mezcla de peligros económicos, transformaciones en el criterio de los inversores y alteraciones técnicas del mercado.

En un escenario internacional cada vez más enrevesado, seguir de cerca este baremo resulta de gran ayuda para entender la evolución de la confianza depositada en las colocaciones a plazo. Pese a todo, averiguar si se trata del preludio de una crisis financiera más profunda exigirá examinar su trayectoria a corto plazo y ponerla en perspectiva frente al conjunto de los indicios económicos.

Por Manuel Pastor Calvo

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